EUROPA EVALÚA UNA RESPUESTA FIRME ANTE LAS PRESIONES DE ESTADOS UNIDOS POR GROENLANDIA
La Unión Europea comenzó a analizar distintos escenarios de respuesta después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtiera sobre la imposición de aranceles del 10 por ciento a varios países europeos que rechazaron cualquier intento de anexión de Groenlandia. Las amenazas comerciales encendieron las alertas en Bruselas, donde funcionarios comunitarios consideran que la situación va más allá de una disputa económica y se adentra en un terreno de presión política y territorial que afecta directamente a un Estado miembro.
Ante este contexto, el bloque europeo baraja tres caminos principales. El primero es la activación del Instrumento Anticoerción, conocido informalmente como la bazuca comercial, una herramienta legislativa aprobada en 2023 que nunca ha sido utilizada. Esta medida permitiría a la Comisión Europea imponer restricciones amplias, desde el acceso de empresas estadounidenses al mercado europeo hasta límites a la inversión extranjera. Aunque algunos líderes, como el presidente francés Emmanuel Macron, respaldan su aplicación, otros gobiernos consideran que su uso podría escalar el conflicto y generar consecuencias de largo alcance.
Una segunda opción es la reactivación de un paquete de aranceles recíprocos sobre productos estadounidenses con un valor estimado en 93 mil millones de euros. Esta alternativa es vista como la más probable de cara a la próxima cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE, prevista para coordinar una postura común. Analistas señalan que estos gravámenes podrían tener un impacto político relevante en Estados Unidos, especialmente al afectar a sectores empresariales con capacidad de presión interna en un periodo previo a elecciones intermedias, aunque también reconocen que una guerra comercial tendría efectos negativos para las economías europeas, altamente dependientes de las exportaciones.
El conflicto se agravó tras el despliegue de representantes militares europeos en Groenlandia, una acción interpretada como un gesto de respaldo a Dinamarca, país al que el territorio pertenece desde mediados del siglo pasado. Esta muestra de solidaridad derivó en represalias comerciales por parte de Washington contra Dinamarca y otros países aliados como Alemania, Francia, Suecia, Países Bajos, Finlandia, Noruega y el Reino Unido. Para varios expertos, este episodio encaja plenamente en la definición de coerción económica, uno de los supuestos que justifican el uso del Instrumento Anticoerción, pese a que originalmente fue diseñado para responder a presiones de actores externos como China.
La tercera alternativa que se discute en Bruselas es la suspensión del acuerdo comercial firmado con Estados Unidos en 2025, el cual aún no ha entrado en vigor. Dicho pacto estableció aranceles del 15 por ciento para productos europeos, una reducción frente a la cifra inicialmente planteada por Washington, a cambio de que la UE renunciara a imponer aranceles equivalentes. Desde su firma, sectores del Parlamento Europeo lo calificaron como una concesión excesiva, y ahora consideran que romperlo enviaría una señal de firmeza política y económica.
Más allá de los aranceles, algunos especialistas sostienen que la mayor fortaleza de Europa reside en su capacidad regulatoria. Desde normas de protección de datos hasta reglas sobre inteligencia artificial y responsabilidad corporativa, la UE cuenta con estándares que influyen en el comercio global y resultan incómodos para la administración estadounidense. Reforzar y extender estas regulaciones podría convertirse en una vía de presión más eficaz y sostenida, al tiempo que protege los intereses de los consumidores y del mercado europeo en un escenario de creciente tensión transatlántica.




















